Bien sé que ya no ganaré, que no puedo ganar la partida. Aunque sólo sea para irme al fondo, me arrojaré a la charca. ¡Jugaré la partida de mi propia ruina!Apartaré cuanto poseo; y, cuando ya nada me quede, me pondré yo mismo. Y entonces,
definitivamente arruinado, irremisiblemente vencido, ¡habré ganado!
RABINDRANATH TAGORE, la cosecha.
La Rata puede guiar a momentos a los viajeros en el camino invisible. Sus juegos y pasos me llevaron a conocer a Naranjam… un viejo samana, un guru para alguno de los sadhus del bosque de Ram Jhula, vive en una tienda de campaña junto a un impresionante árbol, tiene excavado un pequeño horno en la tierra protegido por las raíces, cocina su austera comida mientras sigue conversando lentamente, el humo de boñigas y hojas secas desprende un aroma a vida y a distancias exóticas… Sentado sobre una diminuta tela de saco escucho sus palabras, entra a hierro con sus enseñanzas a mi cerebro, empiezo a sentir el vértigo de la cascada de conocimiento que me invita a seguir.
Sus lecciones de meditación solo pueden ser realizadas después de purificar mi cuerpo, y liberar a mi mente de su adicción, para ello debería de hacer 2 cosas, dejar de tomar el alimento de Shiva de la siguiente manera, el primer día después de dejar de utilizarlo, acudiría a el a las 5 de la tarde con todo mi charras para observar, como poco a poco se lo fuma, yo luchare contra el deseo, la ilusión de relajación para mi, tendrá forma de yerbas hervidas y una canción. Después de esa cena bajo las ramas.. estaré listo para empezar a la mañana siguiente con las practicas de la meditación trascendental. El viejo samana pronto moverá su casa a las montañas, me ha invitado a acompañarle para continuar las enseñanzas, quizás sea una buena idea alejarnos de este verano que va cogiendo forma en pleno marzo.

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No quiero estar libre de peligros; sólo quiero valor para afrontarlos.
No quiero que concluyas mis dolores; sino que mi corazón sepa sobrellevarlos.
No busco camaradas para el campo de batalla; quiero sólo mis fuerzas para luchar.
No anhelo, temeroso, ser salvado; quiero, sí, mi libertad conquistada con paciencia.
¡No seré tan cobarde, Señor, como para querer el triunfo gracias a tu misericordia!
¡Quiero tu mano apretada en mi fracaso!
RABINDRANATH TAGORE, la cosecha.
Todavía no he comenzado con ese reto, es una de tantas aventuras que voy dejando a medias en esta partida de rol interminable, inventando y cambiando una vez mas de personaje, interpretando al discípulo irreverente, al fotógrafo curioso, el hombre de negocios, al niño fugado, el boxeador solitario, o al amante que no puede besar, estos y otros muchos que me cayo por cierto pudor, pasean esperando su turno para salir a la gran escena que me rodea. A veces no tengo tiempo para todos, salen y se precipitan en mi inexistencia con furia, demoliendo los moldes de esa realidad que se transforma con solo volver a pensarla, y por eso una vez mas.. es muy fácil..y ahora si salen las palabras que yacen dentro de mi.. esperan también su instante de poder, de acercamiento, con la inspiración de los elementos a mi lado, crean con su suave melodía los siguientes ritmos de esta danza, y de nuevo comienza a resbalar néctar por estas mejillas tan duras y lejanas.. la felicidad supone no cambiar nada y cambiarlo todo de nuevo… me sorprendo una vez mas con mi sinrazón, tan mínimamente autentica.
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Junto al cordón de la vereda un quiosco acaba de tragarse una mujer.
Pasa: una inglesa idéntica a un farol. Un tranvía que es un colegio sobre ruedas. Un perro fracasado, con ojos de prostituta que nos da vergüenza mirarlo y dejarlo pasar (2).
(2)- Los perros fracasados han perdido a su dueño por levantar la pata como una mandolina, el pellejo les ha quedado demasiado grande, tienen una voz afónica, de alcoholista, y son capaces de estirarse en un umbral, para que los barran junto con la basura. Oliverio Girondo, extracto de Pedestre.
A veces si me miraba desde fuera, me sentía un maldito en la villa sagrada, la gente lo percibía.. y me lo transmitían… ellos observan como cada día sale y entra una mujer diferente de mi cuarto, esas amigas con las que me encanta conversar por la noche antes de empezar a trabajar, pero no tardaron en pasarme su paranoia y tal y como ellos ven el tema de las relaciones chico chica, aquí esta mal visto que alguien tenga tantas amigas, peor cara ponen cuando ademas estoy a solas con ellas en la 107, soy un poco golfo.. un perdido con los labios rotos que desea enterrarlos para siempre en una buena jarra de cerveza fría, que añora dormir rodando bajo las estrellas, necesito vulgaridad, lenguaje soez y kilómetros de risas, este condenado quiere coger todas las fuerzas necesarias antes de entrar en esa zona actualmente “templadita” que es el sur de Nepal.
La Rata me recompone con cada uno de sus mordiscos, ya no necesito las escamas perdidas, me empiezo a arrastrar… y en unos instantes soy la presa favorita del dolor, me acerca a los besos ocultos del polvo, de la noche ciega, del tumulto callado. A los puentes apagados por la muerte de las estrellas.