Existir entre éxtasis acompasados, similares en los trotamundos que recorren a través de círculos invisibles este subcontinente de especias, charas, y Enfield.. uno de ellos genera este dolor manso, me anima a explorar con palabras intensas sensaciones, circunstánciales, iniciaticas y de aprendizaje, serán las ultimas que compartiré con los que crean y dan sentido al espíritu de este Fred Astaire de pies descalzos…
Tocaba abandonar estas tierras de banianos y junglas espesas, de sitares y tablas que embelesan a la luna desde el templo, de Ashrams donde duermen mis deseos, donde las cenizas de los cuerpos celestes caen sobre mi cabello y crean rastros imborrables en este ser que mañana mismo volverá a dormir en las nubes, pero antes tenia que hacer un ultimo ejercicio liberador… matar al gitano, sacar los ojos al fotógrafo, soltar las pesas del luchador, callar la pluma del poeta, encerrar en un sótano al niño fugado, desprenderme del cinturón de penitencia con el que cargaba, sacar de los bolsillos esos pocos sueños que me quedaban y tirarlos a las aguas frías de la madre india. Ir cogiendo lastre, poco a poco, chino chano, tora tora, aflojando el ritmo, y dejar que llegue el suelo, avión a punto para aterrizar..
Hora de eliminar del cuerpo la furia de olores del carril, de empezar asimilar las historias vividas en los bosques con los sadus oscuros, de abandonar estas calles donde la mugre reina y los Rikshaw cantan, de reconocer el poder de la leyenda nacida de la música del cambio, de cesar de bailar al son de esta melodía de violines y sitares, perla sonora de oriente que cuando suena dentro de tu cerebro ya no hay forma de hacerla callar… solo existía una solución posible, resetear el chipset de mi cabeza, sobrescribir el software que tenia en ejecución ahora mismo por otro completamente diferente, uno que guardaba desde hacia tiempo al fondo de la mochila, ese que se llama “Estado Mental Madrid Ciudad”.
Nada como el Rock and roll… nada como los Beatles, cantando esa canción de Get Back..una de las primeras canciones que conocí, por aquel entonces tenia 8 o 9 años y mi viejo hacia tiempo que no vivía en casa, entre sus discos encontré aquella tremenda joya, la aguja del tocadiscos sobre el vinilo, recorriendo una y otra vez la misma canción.. han pasado 20 y se me antoja como la canción adecuada para despedirme.. o para acercarme de nuevo a vosotros.. no se.. quizás no quiera hacer ninguna de esas dos cosas, pero que otra cosa puedo hacer, la partida se ha acabado, la ultima bola yace dentro de la boca del pinball y un jodido letrero lleno de leds vuelve a mostrarme esa frase de “Game Over, Insert Coin.”
Escucho la rumbita del muchachito que dice, “Todo vino y se fue por el camino que vino, todo viene y se va por su propio camino”… Y mientras tanto reflexiono, sabia que todo esto pasaría, sabia que cuando llegara el día de marcharme seria como cuando de pequeño jugaba con mi hermano y los vecinos en el parque y teníamos que volver a casa para cenar, abandonando en el punto mas emocionante nuestras aventuras… así ha sido… ha dado igual que haya exprimido los momentos al ciento veinte por ciento, siento lo mismo que cuando regresaba a casa en aquellos días de juegos infantiles, pero afortunadamente todo estaba previsto, conocía la magia que surge de los finales, es inevitable e inherente a los mismos, sabia que me acabaría pasando… en este hippy end o como empezaba diciendo, existiendo entre éxtasis acompasados. Junto a mis amigas Lottem, Christine y Jana abandonaría esta inefable experiencia, luego desde Delhi cada uno tomaría su propio rumbo, Israel, Francia, Barcelona, y yo a mi amada y muchas veces odiada, Madrid.
aupa tabletom!
